Allá quedó el 2011. Aquí, el 2012.

Jan 02 2012

Con ésta, ya será la tercera (¿y última?) ocasión en que escribo acá un post a manera de resumen del año que acabamos de dejar atrás y plantearme algunos propósitos para el que recién empieza. A menudo digo que estos posts son la razón principal para que este blog siga existiendo, lo cual no es muy exagerado de decir. He de reconocer que como ejercicio anual me ha servido de mucho, sobre todo porque puedo ver -para bien y para mal- cómo va cambiando mi percepción ante la vida y mi lista de prioridades para con ella. Si hay algo que me proponga hacer y lo pongo acá es porque tengo planes muy serios de cumplirlo (aunque algunas veces la vida real se inmiscuye y cambia los planes en el camino).

No creo que haya nada inherentemente mágico o grandioso en hacer planes y promesas para un año que inicia. Pero como unidad de medida de vida, experiencia y logros (o no-logros) pocas cosas son tan efectivas como poder ver atrás y ver cómo vas cambiando.

En fin, sin mucho drama, comencemos con el rito anual del resumen y los propósitos de éste servidor.

Lo planeado, un año después

  • Hace un año dije que no creía posible comprar carro nuevo, por más que lo quisiera. Y en efecto, el antiguo Tercel aún sigue dándome servicio fiel y un poco de pena al parquear en un sitio lleno de megachuzos del año. Sin embargo, en febrero pasado logré efectivamente liberarme de todo tipo de deudas, lo cual me ha hecho posible incrementar mi capacidad de ahorro y aunque de hecho tengo ya suficiente para conseguir un modelo decente y menos viejo al contado, tengo de momento otros intereses más trascendentes y de mayor provecho para mí en los cuales invertir ese dinero.
  • El soltero del 2011 aún teme convertirse en el solterón del 2012. Igual me he ido haciendo de la idea de o bien no es por estos rumbos donde me corresponde encontrar a la persona que complemente mi existencia, o si lo que realmente quiero es ser un espíritu libre y sin ataduras para hacer lo que me hace feliz. He sido siempre muy escéptico del uso de Internet para crear relaciones de pareja, pero después de haber visto muchos casos que me parecen exitosos, quizás debería reconsiderar mi posición. Además, tengo planeado un viaje extendido para el año próximo y ojalá eso se convirtiera en un catalizador para encontrar una nueva relación, o por lo muy menos para tener un rato bonito en compañía.
  • El proyecto con que inicié el año pasado y que venía gestándose desde el trasanterior, Dale Dani, comenzó con buen pie a principio de año y me metió en una suerte de rutina que terminó por consumirme el poco tiempo libre que me quedaba. La página en Facebook se hizo también, pero he llegado apenas a recolectar una décima parte de los fans que me propuse. Procuré publicar una tira nueva cada semana hasta agosto, que fue cuando obtuve un nuevo empleo con circunstancias distintas y eso impactó negativamente en la continuación, además de que no estaba muy conforme con la dirección que estaba tomando el proyecto. Aún tengo deseos de continuar con él, pero aún no sé de qué manera exactamente. Lo que sí puedo decir es que aprendí un par de cosas: Crear y publicar un cómic con regularidad es en verdad un trabajo duro, y mantener ese ritmo de trabajo año con año y sin que caiga en rutina es algo digno de admirar.
  • Me quedarían en teoría un par de años para llegar a la meta de ser empresario independiente a los 40. Por lo pronto, el empleo que hoy día tengo creo que me da lo mejor de ambos mundos. Y mientras tanto, procuro ahorrar lo que pueda.
  • Con el cambio de empleo, también suspendí el gimnasio. No tardé mucho en darme cuenta del error que eso fue, y por eso estoy volviendo a empezar en otro lugar más cerca de casa.

Lo que no se planeó (y sucedió)

  • En junio pasado la compañía para la que trabajaba cerró operaciones repentinamente por insolvencia. Aún hoy se me debe bastante dinero, y sólo diré que estoy procediendo con los aspectos legales de rigor, esperando que esta situación se solucione de alguna manera.
  • Al quedar vacante, me dediqué entonces a realizar de una vez por todas mi muy ecléctico portafolio personal en línea. Tener por fin algo decente con qué mostrar mi trabajo a propios y extraños era un to-do inmenso en la lista al que por fin pude darle check.
  • Finalmente, en agosto obtuve a través de un contacto en la empresa anterior una oportunidad de trabajo con un startup de New York, (por lo que fui dos veces más a esa ciudad en este año) y que —por fin— me permite trabajar en lo mío desde mi casa o desde donde sea. Algo que siempre añoré tener. Nunca me he llevado bien con las políticas estándar de un sistema corporativo que trata a sus empleados como niños de escuela, cuando lo único realmente importante deberían ser los resultados entregados a tiempo. Todo lo demás es secundario o hasta superfluo. Y la verdad sólo Internet podía haber hecho que esto fuera una realidad para mí, sin mencionar la gran mejora financiera que además ha significado.
  • Asistir, en ese segundo viaje, al Comicon de New York, aunque desde enero ya lo tenía en planes. La primera convención de cómics “de las de verdad” a la que he asistido. Es de no creer la cantidad de gente y geeks disfrazados que asisten a estos eventos, donde no ser “normal” es lo normal. Ya veremos si se me presentan este año otras oportunidades de convenciones, por lo pronto tenemos la iniciativa criolla del Boomcon.
  • Además del ya conocido Cvander como referente de nómada digital exitoso, en el 2011 conocí a Ryan Estrada, un caricacturista y novelista gráfico que realiza su trabajo enteramente por Internet mientras recorre el orbe con su novia. En abril pasó por Costa Rica y pude compartir personalmente con él. Sobra decir que estos dos personajes me han motivado tremendamente en mi decisión de querer ver más de este mundo.

Lo que quisiera ver ocurrir

En forma clara, corta y concisa, como quien escribe una lista de deseos:

  • Retomar el hábito del gimnasio (fácil)
  • Aprovechar mis circunstancias actuales para viajar más seguido. El próximo destino que hace días tengo fijo en mi mente es Brasil, para una estadía prolongada. Siempre he admirado a ese país y su cultura y además domino hace años el portugués, que me ha traído una pequeña pero respetable cantidad de amigos cariocas, paulistas y brasilienses que he ido forjando a través de las redes sociales. Con suerte puedo incluso volver a darme la vuelta por Argentina y mi Buenos Aires querido. ¿Hacer una vida completamente nueva, quizás? Cuando lo logre, ahí se darán cuenta. :)
  • Conocer en dichos viajes más contactos a los que pueda llamar sin vacilación ni reparo amigos. De las sorpresas más gratas que recorrer el mundo pueda deparar.
  • Llenarme de experiencias, más que de cosas. Este ha sido una especie de mantra que me he repetido muchas veces últimamente, sobre todo cuando te das cuenta después de cierta edad que el dinero te permite comprar comodidad, lujo y conveniencia, pero no felicidad ni bienestar ni paz interior. No hace falta ser creyente para darse cuenta que los seres humanos no somos sólo lo que proyectamos para afuera, sino que nuestro equilibrio y felicidad comienzan desde muy adentro de nosotros. Sin tener nuestra parte interior sana, somos simplemente un cascarón vacío ambulante que arrastra signos externos a su paso. Si a estas alturas no he seguido el “patrón” que se espera de cualquiera a mi edad  (casarse, tener hijos, deudas impagables, y así) pues no veo cómo eso pueda cambiar de repente para mí. Y aún si pasara, ya no lo afrontaría con la misma actitud ni la (in)madurez de los veinte y tantos sino como corresponde y se espera de alguien que ya ve a distancia clara los ¿temibles? cuarenta. Es como si uno con la edad fuera desengañándose progresivamente de tanta superficialidad, distinguiendo por fin las cosas que creemos que necesitamos que las que realmente necesitamos.
  • Retomar con nuevos bríos el proyecto Dale Dani! y encontrarle un norte que me satisfaga a largo plazo.
  • Que el trabajo que tengo ahora y que me permite toda la libertad que siempre ansié y que nunca antes había podido tener, perdure, tanto en satisfacción personal como en prosperidad.

En un año exacto (y esperando que los profetas cataclísmicos se equivoquen con el fin del mundo) veremos cuánto de ésto se logró. Bienvenidos de nuevo a otro viaje alrededor del sol.

(Foto utilizada bajo licencia Creative Commons)

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Bajo la lluvia Dios no existe: Una crónica literaria

Sep 22 2011

De una vez lo digo: No soy ni de lejos alguien que pueda presumir de literato. Mi consumo de lectura en los últimos tiempos ha sido, tras de escaso, utilitario. Títulos para emprendedores, Seth Godin y cosas así. He intentado leer algunos de esos libros que se supone son del gusto de  todo apreciador culto de las letras, solo para dejarlos inconclusos a las diez páginas. Y tampoco tengo tolerancia para las obras que presumen de cierto status intelectual que te hacen sentir que para entenderlas debes de llevar primero un curso universitario. En fin, que lo más probable es que sea la persona menos indicada para criticar o dar criterios sobre un libro.

Pero el caso es que a Warren Ulloa, autor de la recientemente publicada novela Bajo la lluvia Dios no existe, lo conozco ya de rato por las redes sociales, y resulta que hasta casi vecinos somos. Y después de leer algunas críticas de preámbulo pues digamos que me intrigó saber más sobre la obra, y algo de crédito tiene en eso el título, tan poético y provocador a la vez en una sociedad donde confesarse agnóstico o ateo sigue siendo un gran tabú. El caso es que fui entonces a la presentación de la misma y conseguí mi ejemplar.

Bajo la lluvia es una historia contada desde el punto de vista de Bernal, un jovencito colegial  —por más señas— de clase media alta, y escrita tal y como uno se imaginaría escribir a un adolescente; de manera informal, despreocupada y utilizando jerga autóctona, urbana y vulgar por doquier, lo que probablemente complica enormemente la comprensión del texto fuera de nuestras fronteras (pero quizás Warren no aspira a tanto). El caso es que en la vida de Bernal se atraviesa Mabe, otra adolescente con una personalidad poderosa, sensual y peligrosa a la vez, la cual lleva a Bernal consigo en una espiral ¿descendente? hacia un submundo de drogas, sexo, poesía atormentada y almíbares etílicos que fluyen como maná en las fiestas clandestinas de los beautiful kids de nuestra sociedad. Así van desfilando por las páginas del libro personajes tan singulares como Ratatás, arquetipo del típico mafufo desgarbado buscando hacer negocios con hongos y drogas más duras, o Agustín, la todopoderosa figura paterna detrás de Mabe que detrás de su imagen de pez gordo del gobierno esconde un historial nefasto de abuso sexual con su hija, o doña Ofelia, la madre divorciada de Mabe que se refugia en el new age como escudo para capearse la tormenta que rodea a su hija.

Intentando resumir la naturaleza de los personajes, asistimos a un caleidoscopio de personajes y familias total o parcialmente disfuncionales. Que —supongo yo— busca ser un espejo de las que hoy abundan en nuestro país. De hecho al leer el libro una parte de mí quiere creer que no puede ser posible que personajes jóvenes y familias con vidas tan desordenadas, tan convulsas, tan hechas mierda pudieran ser así de reales y así de presentes en nuestra sociedad , pero otra parte de mí termina aceptando, ante las evidencias que constantemente nos llegan, que sí, que vaya a saber uno cuántos Bernales y cuántas María Belenes hay ahí afuera. Lo digo haciendo rewind a mi propia adolescencia, que ni de lejos fue así de intensa o desordenada (gracias a mis papás, tengo que decirlo) y quizás por eso me cuesta creer lo que leo. De hecho ni entonces ni ahora tengo altibajos crónicos que mencionar. No tengo materia prima para ser escritor artístico.

Para quien no se espere encontrar un libro hablando en términos de huevóncarepicha y malparido casi cada dos por tres, la lectura puede resultar difícil y poco grata. Es cierto, la novela no aspira ni de lejos a ser un dechado de decencia del castellano, pero quien se sienta atraído por un relato en crudo, sin filtros ni maquillaje y contado en jerga de adolescente tico, con referencias a lugares conocidos para cualquier habitante del Valle Central, puede encontrar la lectura interesante. Antes de leer el libro de Warren yo me esperaba algo parecido a las temáticas que explota Jaime Bayly en sus novelas: La mojigatería hipócrita y la descomposición social detrás de las opulentas fachadas de la burguesía limeña. Sin embargo, Bayly recurre mucho a la figura del diálogo, mientras que Warren le apuesta a la narración en primera persona, casi sin diálogos. Personalmente creo que Bajo la lluvia se hubiera beneficiado de emplear más diálogo y menos monólogo en su construcción, pero esas son en último término decisiones que toma cada autor respecto a su obra.

A manera de conclusión:  Bajo la lluvia tiene como punto más fuerte la definición y crudeza de sus personajes y el poner en denuncia la doble moral de nuestra beautiful people. Por otro lado uno se pregunta si es apropiado llamar novela a algo que se lee como un prolongado y mal hablado monólogo adolescente… pero esas deben ser nuestras preconcepciones de literatura haciéndonos pleito en la cabeza. Warren no busca el intelectualismo de un Borges (ni creo que aspire a eso) y la lectura entretiene, amarra, tiene momentos de drama y humor y es algo con lo que cualquier tico joven de corazón se puede identificar. Pedirle más a un libro que no aspira a mayores pretensiones sería pecar de exceso. Y de fijo tenemos aún mucho más que esperar de Warren Ulloa.

 

 

 

 

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Lo que nos trajo El Regreso

Sep 20 2011

Hace unos meses hablábamos por acá de la apuesta que el cineasta tico Hernán Jiménez le hizo al destino, al recurrir al crowdfunding para terminar su segundo largometraje, El Regreso. Después de meses de expectativas y atrasos, por fin a inicios de setiembre se estrenó la película en los cines del país. Era la hora de la verdad.

¿Con qué nos encontramos en El Regreso? Con esa Costa Rica que no aparece en la publicidad del Instituto de Turismo. Con ese San José insufrible, repelente e invivible que tenemos, lleno de humo, ruido, fealdad edificada, vendedores ambulantes, carteristas y suciedad. Con manifestaciones de nuestro cuartomundismo mediocrizante como las filas de-a-sentado y los burócratas que hacen de todo menos el trabajo que deben. Pero más que nada nos encontramos con Antonio, joven que llega de visita al país a ver a su familia después de diez años en Nueva York, y quien tras un shock cultural de marca mayor  y una serie de desafortunados incidentes halla imposible devolverse inmediatamente, como deseara, de nuevo a esa ciudad. En el interín, debe enfrentarse a una hermana histérica y obstinada de la vida, un padre moribundo al que le reclama su indiferencia y un sobrino al que no conoce. Complementan la intrincada trama su mejor amigo-vuelto-cholometalero, César (¡El mejor actor de la película, sin duda!) y Sofía, la vecina de tiempos lejanos que reaparece en la vida de Antonio y aporta aún más complejidad y enredos a su estadía forzada.

La película logra revolcarnos a muchos los sentimientos encontrados que nos produce el país, pero a la vez nos muestra cómo, en palabras del padre de Antonio, “estamos atados a aquellos de los que más queremos huir”. Por más que pretendamos desligarnos de la familia, del barrio o de la mismísima Costa Rica, en el fondo estamos librando una batalla inútil con ello. Así, el período en que Antonio se queda “varado” en el país al perder su pasaporte, se convierte en un período progresivo de autoreflexión y aprendizaje. Aunque también hay que decir que Hernán Jiménez, como actor de personaje principal, es un buen cocinero. Hacer escenas dramáticas aún le queda grande como una camisa triple Extra Large. Hace falta mucho más que ser director y tener una cámara para actuar simultáneamente como actor al nivel de Woody Allen o Clint Eastwood.

Lo que realmente salva a El Regreso de naufragar es el gran soporte de las actuaciones del resto del elenco. Desde el lanzamiento del trailer me hice super fan de Inti, el sobrino personificado por el niño Andre Boxwill, y los perfiles fuertes, casi eclipsantes,  de la hermana Amanda (Bárbara Jiménez) y el mejor amigo César (Daniel Ross). César, con su look entre glam y metalero y su forma de hablar, aporta muchos momentos hilarantes en el filme, pero también el momento —para mí— más importante de la trama, donde para en seco y ubica al quejoso insufrible de Antonio con una dosis de reality check, que como dice Víctor, debería ser materia de educación secundaria.

A poco más de dos semanas de estrenado El Regreso, no menos de 12.000 personas —que para nuestro país no son poca cosa— han asistido a ver la película en las salas de cine. Estamos hablando de una propuesta nacional que, como muchas otras le han precedido, ha tenido que disputarse la taquilla con otros estrenos extranjeros y de mucho más presupuesto. Me gustaría pensar que finalmente vamos evolucionando de pensar que hay que apoyar a una película sólo por el hecho de ser nacional, a apoyarla porque realmente tiene mérito de ser apoyada. El Regreso tiene ese mérito. Los que puedan, vayan a verla.

Bonus track: Una crítica analítica a la película del Semanario Universidad que pone más en detalle esas cosas de Costa Rica que nos provocan a más de uno sentimientos encontrados, y cómo aparecen en el filme.

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