Por Escrito

Un puñado aleatorio de letras y palabras.

Autorretrato.

12 de May, 2008
por Beto

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Via el Fusil me entero del certamen publicitario Cannes Lions 2008, un evento de premiación de valores jóvenes en el campo de la publicidad mundial. En la elección de trabajos que se hizo, más que las piezas ganadoras –vaya uno a saber qué criterios se emplearon para elegirlas–, me llaman más la atención las piezas finalistas, todas ellas alrededor de un tópico que me ocupa bastante: El de un país que se vende como “ecológico” y “verde” pero en donde en realidad nos ahogamos en basura y la correspondiente incultura que exhibimos en cada esquina de nuestras ciudades como si de un trofeo se tratase. Hacer clic para agrandar las imágenes.

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El de la carreta típica es, por mucho, mi favorito. Es una lástima que estos proyectos las más veces se queden solo en un concepto para un concurso y no se exploten más allá. Porque en un país donde nos creemos nuestros propios cuentos y fantasías, hace falta un mensaje crudo y directo que nos muestre a nosotros mismos cómo realmente somos.

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Timidez.

9 de May, 2008
por Beto

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¨Es tan terrrible ser un hombre timido?¨
¨No. Pero no eres inmortal; así que si vas a morir, no hay tiempo para la timidez, simplemente por que la timidez te hace apegarte a algo que solo existe en tus pensamientos. Te calma mientras todo está sosegado; pero luego el imponente, misterioso mundo abrirá su boca para ti, como la abrirá para cada uno de nosotros, y te daras cuenta de que tus medios seguros no eran seguros para nada. Ser tímido te impide examinar y explorar nuestra suerte como hombres¨

Atribuido a Carlos Castañeda y visto aquí.

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Chuspa.

8 de May, 2008
por Beto

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“Colegial fabricó rifle con planos obtenidos en Internet” reza el titular de una noticia de hoy. Dejando aparte el hecho de que ocurriera en la provincia más conflictiva y pobre del país –indudable caldo de cultivo para la criminalidad–, lo que más me inquieta es la intención del titular, y el mal disimulado morbo del énfasis en lo de “obtenidos en Internet”.

No es un secreto que aún en estos tiempos hay quienes insisten en culpar a Internet como la fuente de todos los males modernos de la humanidad. Pero ya en la época pre-cibernética era posible –aunque quizás más difícil– obtener información sobre fabricación de bombas y armas caseras. El libro The Anarchist Cookbook (que incluso aún es posible obtener por sitios como eBay) de 1971, por ejemplo, es un manual detallado para la fabricación de armas como Napalm y cocteles Molotov a partir de materiales tan prosaicos como el jabón y la gasolina. Más bien creo yo que es un verdadero milagro que con tanta información armamentística disponible no hayamos aún terminado de volarnos en pedazos.

Si fuéramos tan ingeniosos y creativos para arreglar este país así como sí lo somos para choricear, vaciar los erarios públicos a lo Houdini, inventar excusas para todo o aprovecharnos de los demás, qué diferente sería todo.

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Jaguaryú?

6 de May, 2008
por Beto

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Basta con prender la televisión, o la radio, o ir de compras para darse cuenta. Según un estudio de la firma publicitaria Media Gurú, el idioma español ha perdido sensiblemente dominio y vigencia en las marcas del mercado con respecto al ambiente hace veinte años. Pero más importante –aunque no sorprendente– es la razón principal de esta invasión de términos foráneos en el comercio local: la de una percepción de inferioridad en nuestra cultura y nuestro país que de algún modo hay que disimular.

Lejos, muy lejos, han quedado aquellos tiempos de la década de los 70s donde surgió lo más parecido a un sentido de identidad nacional y marca-país que jamás tuvo esta tierra, acuñado en el eslógan ultranacionalista “Porque lo nuestro es mejor y es nuestro”. En el colectivo social costarricense, hace mucho que lo nuestro dejó de ser “lo mejor” y para compensar nuestras mediocridades –reales o imaginarias– comenzamos a poner nuestra vista en el norte e intentamos apropiarnos de los significantes y referentes culturales de la economía mundial dominante de turno, a ver si algo se nos “pega”. Aunque también hay que admitir que los cambios sociales y globales que han empujado a muchos a estudiar inglés, ya no por un deseo interno de expansión cultural sino por incrementar sus oportunidades laborales e ingresos, ha tenido buena parte de influencia. 

O en otras palabras: ¿Por qué ponerle Sunset Beach a una tienda de ropa fina y no Playa del Atardecer? Significan lo mismo, pero Playa del Atardecer, en el colectivo social, no suena a “marca”, no suena “caché” y más bien evoca cierto aire literario que no se presta para la fórmula pegajosa, práctica, rápida e indeleble con que los gurús del marketing –perdón, mercadeo– nos dicen que debe cumplir una marca. Y también — para ponerlo aún más sencillo–, para muchos ticos una marca en español suena simplemente polo. 

Hay que reconocerle al inglés, eso sí, su característica de lenguaje utilitario, práctico y económico que permite, con pocas sílabas y palabras, construir nombres y frases de impacto y de perdurable memoria. El español, en cambio, se anda mucho por las ramas y no está optimizado para sintetizar conceptos en pocas letras o sílabas (tengan la libertad de establecer paralelismos entre un idioma y la cultura que lo habla), lo cual lo hace poco apetecible para los mercadólogos contemporáneos que buscan impactar a la generación YouTube con síndrome de déficit atencional incorporado genéticamente por defecto.

Pero de ahí a pretender ser algo que no se es mediante apropiaciones culturales exógenas que no comprendemos del todo (pues nos quedamos solo con su fachada externa) hay un gran abismo de por medio. Mientras sigamos creyendo que algo tiene siempre que venir de afuera para ser bueno, seguiremos preguntándonos por qué no tenemos identidad propia.

Una vez le oí a Gustavo que una de las razones para ponerle Pet Shop a una veterinaria era que así las excretas animales del local parecían no oler. Y creo que algo de razón tenía.

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Rejuntado (I)

4 de May, 2008
por Beto

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(1 opinión publicada)

En los días que salgo del trabajo y tomo el breve trecho para llegar al gimnasio, casi siempre me topo con las filas de obreros que vuelven de su jornada construyendo al frente el San José versión Disneylandia, a quienes una vez terminado se les negará la entrada por su condición socioeconómica. Ironías de la vida.

Por culpa –quizás– del calentamiento global y de que donde otrora hubo cafetales alrededor hoy hay proyectos de “interés social” y zonas francas repletas de call centers que compiten en hacinamiento y fealdad estética, mi casa se convierte en un horno de convección con el inclemente sol del mediodía. En algunas paredes pareciera ser posible cocinar un desayuno completo. El ventilador perpetuamente encendido –aún en las noches– ha sido parte de mi vida desde hace mucho tiempo. El caso es que tantas veces va el cántaro a la fuente que termina por romperse, y hastiado de la situación y del eterno sauna diurno le largué un sonoro fuck you a los ambientalistas hippies y voy a instalar –por fin– un aire acondicionado en toda regla. Si el planeta va a irse al carajo, que al menos estemos frescos como lechugas cuando suceda. De todos modos, ya con esto me garantizo mi boleto en primera clase al infierno, según la iglesia católica.

Gracias a la aventura selvática de hace un rato, mi pie izquierdo ha comenzado a quedarse sin uñas. Por dicha es un asunto temporal –maravilloso que es el cuerpo– y la verdad que no soy nuevo en estas experiencias; ya en los tiempos del colegio me cerraron la puerta de mi casa con el dedo anular derecho prensado con similares consecuencias. Me pregunto si ahora que vamos a tener opciones de seguros para tirar hacia arriba habrán opciones para asegurar extremidades corporales, porque a este paso ya me veo firmando un contrato.

 

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