Por Escrito

Un puñado aleatorio de letras y palabras.

Crack.

14 de May, 2008 por Beto

Las era de las comunicaciones en tiempo real nos ha hecho darnos cuenta de que las tendencias y modas globales, invariablemente de podernos informar a la velocidad del rayo y al mismo tiempo en que acontecen, terminan llegando al país en carreta, a los meses o incluso años. Y así con casi todo.

Mientras los cimientos de la economía de los EE.UU se falsean con la crisis hipotecaria y la reventadura de la burbuja immobiliaria que ha dejado a millones sin hogar y sin ingresos y hasta se habla ya –como si tal cosa– de una Segunda Gran Depresión, aquí nos la hemos hasta ahora pasado como en Jauja. Las tasas de interés bancarias bajaron a un máximo histórico y el endeudadmiento para consumo y vivienda se disparó; hace unos meses, un megaevento automotriz se ufanaba de haber roto records de ventas, con miles de nuevos y sonrientes conductores contribuyendo a atrofiar aún más nuestras ya intransitables calles (todo sea por el derecho a tener un perol); las tarjetas de crédito por las que antes tenías que confesar hasta los pormenores de tu ropa interior para obtenerlas, ahora solo falta que vengan de regalo en las cajas de cereal. Y en nombre del “gringo imaginario” los bienes raíces jamás habían alcanzado los precios estratosféricos de ahora. Pero eso poco importaba. La nueva consigna del tico pareciera ser A gastar, a gastar, que el mundo se va a acabar.

O al menos así fue hasta hoy. que los bancos estatales han comenzado a elevar las tasas de interés en colones y, según los entendidos, es probable que sigan subiendo a partir de este punto. Sumémosle a esto el repentino repunte del dólar, que se ha revaluado tremendamente frente al colón y, por consiguiente, perjudicando a aquellos que se “embarcaron” con un préstamo en moneda nacional a tasas ridículas, amparados en la creencia -apoyada por no pocos “expertos”– que el dólar no podría subir en un buen tiempo. Y sumémosle además el endeudamiento de miles de ticos — de esos que pagan las deudas de una tarjeta con otra, por ejemplo– seducidos por el consumismo más atroz y sin frenos, viviendo un estilo de vida que realmente no pueden costearse. Endeudamiento que se hará progresivamente insostenible para los bancos cuando comienze a escasear dentro de nada la liquidez.

La crisis inmobiliaria en los EE.UU, a grandes rasgos, se dio como consecuencia del ofrecimiento de préstamos hipotecarios a clientes NINA (del inglés No Income, No Assets). O lo que es lo mismo, a cualquier pelado, sin verificación de ingresos, ni historial crediticio, ni nada — con tal de liberarse de alguna forma de esos títulos valores. Total, los bienes raíces nunca bajan de precio, ¿verdad? Con solo eso ya se compensaba, en la vista de los economistas, cualquier eventual pérdida por esta maniobra.

No pretendo aquí jugar al economista -para eso ya hay muchos que lo hacen mejor que yo- pero no hace falta serlo para presentir que hasta en el país del vacilón, ni siquiera el mismo es eterno y que ya estamos viéndonos con las “vacas flacas” que nos presagió, cual clarividente fatalista de pasquín sensacionalista, nuestro Presidente (sí, ese mismo que nos decía hace apenas unos cuantos meses que con el Tratado de Libre Comercio con EE.UU aprobado todo iba a ser una infinita fiesta de megaprosperidad) para los tiempos que se nos vienen. Y para entonces y como dice mi madre parafraseando la Biblia, para muchos vendrá el llanto y el crujir de dientes. Para cuando termine de reventarse la burbuja — como en España, como en los EE.UU. ¿Qué nos hace pensar que somos inmunes?

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