Por Escrito

Un puñado aleatorio de letras y palabras.

¿Aló?

9 de June, 2008 por Beto

Hace unos días tuvo lugar en Costa Rica la culminación de un proceso verdaderamente histórico, en el que por primera vez en más de medio siglo se ha roto el otrora monolítico monopolio de las telecomunicaciones en el país, algo que parecía realmente imposible. Desde su fundación en 1949 y amparada en los derechos y proteccionismos constitucionales que le otorgó el Estado de la llamada Segunda República, el Instituto Costarricense de Electricidad ha sido, para muchas generaciones de costarricenses, el único proovedor de energía y de telecomunicaciones que han conocido.

La debacle social que nos trajo el Tratado de Libre Comercio con EE.UU, partiendo efectivamente al país en dos, y su posterior victoria en un referendo de resultados aún hoy discutibles por muchos y justificados por otros, abonaron el terreno para el cambio. Si bien el ICE ha sido una institución fundada sobre la base del bien social común, el mercado de las telecomunicaciones cambió dramáticamente en casi 60 años. Mientras hasta no hace mucho se medía el progreso tecnológico del país por la instalación de un teléfono público en –digamos– Cangrejal de Tusubres (por poner el típico ejemplo de pueblo perdido en medio de la nada), el mundo de la tecnología nos asombraba con conexiones a Internet de banda ancha, telefonía celular de avanzada y opciones para comprar un teléfono móvil y salir hablando de la tienda.

Todas estas cosas, por muchos años, fueron vedadas para la mayoría de los costarricenses, no exactamente por el ICE como institución en sí, sino por su consecuente politización y la invasión de la burocracia estatal a sus entrañas, además de su carácter monopólico, desincentivador de cualquier acicate de competencia y buen servicio al cliente. Recuerdo cómo por años interminables algunos soñábamos con tener el acceso a Internet de banda ancha que, allende nuestras fronteras, ya parecían tener Raimundo y todo el mundo mientras a nosotros nos tocaba apañarnos con un módem desesperantemente lento y con tarifas de conexión por minuto. Mientras la Ley de Moore nos ha confirmado el crecimiento exponencial de la capacidad tecnológica informática, en Costa Rica la prooveduría de conexiones decentes a Internet estuvo sujeta por muchos años al capricho, papeleo, ignorancia y desinterés de los burócratas de turno y al de la Contraloría General, un organismo que –en mi opinión– solo ha servido en tiempos modernos para entrabar el desarrollo nacional. Imágenes de filas interminables y listas de espera de años para obtener una línea telefónica, al mejor estilo de la Unión Soviética, fueron por muchos años parte del folclor nacional.

Por otro lado, el carácter y compromiso social al que se debe una institución como el ICE dan pie a un evidente conflicto de intereses: Por muchos años, las obras en infraestructura de telecomunicaciones han tenido un carácter de bien social, con el fin de que hasta las clases más desposeídas puedan tener acceso a ellas mediante fuertes subsidios - algo incongruente con el modelo de negocios de las grandes telefónicas, donde lo importante son las ganancias y la cuota de mercado, y los servicios son para quien los pueda pagar, y punto. Los fabricantes y proovedores de tecnología, que yo sepa, nunca han trabajado por caridad.

Así las cosas, en el país que se jacta de ser el tercero en penetración de tecnología celular a nivel mundial (el teléfono móvil es un apéndice de facto del tico actual), aún seguimos sin conocer las opciones de prepago ni conexiones inalámbricas de alta velocidad como 3G. Un Blackberry, el aparato sine qua non de los ejecutivos de hoy día, en nuestro país es un hermoso pisapapeles. Todos estos grandes talones de Aquiles que han caracterizado las telecomunicaciones costarricenses son potenciales y grandes nichos de negocio para las grandes telefónicas, que vendrán sin duda “con los tacos de frente” a suplir la gran demanda insatisfecha de estos servicios.

No sé si realmente estamos conscientes de lo que se nos viene encima en los próximos años, cuando empresas como Telefónica, Telcel y Huawei se instalen en el país y comiencen a regalar el oro y el moro a todo dios para captar clientes. Los cantos de sirena de teléfonos “gratis”, tarifas de risa y trámites sin filas ni papeleo para salir hablando en minutos sin duda seducirán a muchos. Al menos al principio. Después –lo más probable– terminaremos como lo ilustra Damián en una visita al Perú, donde los altos precios de los servicios han relegado al celular a un uso estrictamente necesario. Como ha pasado en casi toda Latinoamérica. ¿Por qué creemos que acá va a ser diferente?

Muchos temen que esto signifique la desaparición definitiva del ICE, aunque yo lo veo prácticamente imposible (siguen teniendo el control de la generación eléctrica, un rubro ya de por sí super trascendente) pero sí es un hecho que, después de tantos años de ir contra la corriente como país respecto a las tendencias globales, las fuerzas del mercado han podido más y terminaremos bailando a como nos toquen la pieza las trasnacionales. Para bien y para mal, la suerte ya está echada. A ver cómo nos va.

Etiquetas:   · · · Comenta esto

Opina!

No hay comentarios (todavía)

  • ¿Te animas a ser la primer persona en opinar? la mesa está servida.