En tiempos muy pretéritos y de vacas gordas, la empleada de casa planchaba la ropa con Yuri y Pimpinela de fondo.
En tiempos presentes y de servicio doméstico incosteable, ahora me toca a mí planchar la ropa con Diana Krall y Joni Mitchell en el iPhone, audífonos en ristre.
Prueba de que los cambios tecnológicos y sociales pueden ser más bien engañosos en cuanto al “progreso” que prometen.
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