Por Escrito

No contaban con mi astucia.

Prohibido pensar

Es la realidad en el día a día de países como el nuestro: Cada vez que hay elecciones presidenciales y los políticos prometen “hacer campaña de altura”, usualmente se quedan solo en “hacer campaña”. Es lo corriente. Y un reflejo verdadero de nuestra sociedad que por lo visto hasta de pensar le da pereza.

Sin embargo, cuando creíamos que para esta ocasión no era ya posible tocar fondo con tanta trivialidad entre marionetas, pontífices impromptu en bares y tipos en ropa de Adán por media capital, uno de ellos nos demuestra que sí se puede profundizar aún más, pero hacia abajo. Rompiendo cualquier récord anterior imaginable.

Honestamente, ni García Márquez en sus mayores delirios macondianos podría haber sido capaz de concebir algo como esto:

Helo ahí, el tiro de gracia, el corolario, el broche de lata que le faltaba a esta insulsa e irreverente campaña electoral.

Técnicamente no podemos quejarnos: estamos ante un spot de producción profesional y que seguro costó su buen dinero. Hasta ahí todo bien. Pero el problema no es ese, sino de quién viene.

Un candidato que, sabiéndose no tener ya nada (más) que perder, se dedica a autopromocionarse como “el menos malo“, lo que implica el silogismo -y la creencia de muchos, un servidor incluido- que no hay un sólo candidato bueno por quién votar.

El furor y la indignación no se hicieron esperar en Internet. ¿Será que por criticar y no “entender el asunto” somos unos solemnes y malditos amargados sin pizca alguna de sentido del humor?

¿O no será más bien porque nos han pretendido vender el/la representante de los próximos cuatro años en el país y la imagen de éste ante el mundo como quien nos vende pañales, pollo frito o un refresco, al calor de la trivialidad más absoluta?

¿Y de que no importa que se hable bien o mal de uno sino que se hable y punto? ¿El top of mind justifica los medios?

No hay duda de que quien logró venderle este delirio inefable al partido político cliente es alguien que sería capaz de venderle hielo a los esquimales y cámaras de bronceado a los africanos. Y supongo que él y los allegados de su gremio se sienten triunfantes por ello. Y es cierto, las campañas tradicionales llenas de promesas que nunca se cumplen ya cansan y no convencen a nadie… pero tampoco nos terminemos yendo a los extremos. Al contrario de lo que algunos publicistas pontifican, no toda la publicidad es buena publicidad. La notoriedad y el aprecio no van de la mano.

En resumen, una coda disonante para un proceso electoral alicaído, desteñido y carente en absoluto de ideas y de seriedad necesarias cuando de decidir el destino del país durante los próximos cuatro años se trata.

Quede quien quede, está claro que si el país surge o simplemente sobrevive, será a pesar del gobierno, y no gracias a él. “No hay por quién votar” se decía en la Costa Rica de los años 60. Vaya que cincuenta años no son nada.

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