Las ganas de expresarse no se mueren, sólo se van de vacaciones por un rato y, tarde o temprano, regresan.
Por eso no recuerdo momento alguno en que haya dicho “cierro esto” porque es inútil. No viene al caso.
Ah por cierto, sin contar el montón de años en que andaba con aquel otro blog, ya acaban de pasar dos años (¡se me había olvidado!) que ando con éste. Nadie compró candelas ni pastel para celebrar. Perdonen la desidia.
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Nunca he pretendido con este espacio hacer un blog de esos que pretenden ser copias al carbón de CNN o hacer otro altar virtual para cuanto tecno-chunche esté de moda entre los geeks. Porque para eso ya hay miles que escriben, se apasionan y participan más y mejor que yo.
Siempre he querido ejercitar el don de la palabra como hacen tantos a quienes admiro y que de sus teclados pareciera discurrir, sin apenas esfuerzo, prosa épica y digna de Nobeles de Literatura. O que al menos así me parece. Quizás debería leer menos a Frank Miller y más a Benedetti y Neruda. Pero la verdad es que siempre se me ha dado más y mejor la escritura ensayística, editorial y utilitaria. En alguna parte del mundo debe ser un trabajo bien pagado eso de teclear editoriales para esas secciones del periódico que nadie lee.
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En fin, a lo que viene esta incoherencia espontánea de líneas: Veo que este va a ser un año con muchos cambios personales para mí, que ya han estado ocurriendo, y que en su debido momento se harán revelar a la noble y leal audiencia que se digna en leer estas líneas. Los cambios te estimulan a retomar muchas cosas que por alguna razón dejas languidecer en el tiempo. Sigo empeñado en expresarme menos con palabras y más con imágenes. Y a la vez descubriendo cómo escribir un ensayo y escribir un guión de historieta no son, para nada, lo mismo.
Pues eso, que ya ha tocado desempolvar. Y tomar impulso. Y crear. Y vivir.
Así es.