A propósito del Colegio de Diseñadores y los gremios audiovisuales

Sep 01 2011 Published by under 2011, Costa Rica, diseño

Cuando yo estaba por terminar el colegio secundario, una de mis fantasías era poder estudiar animación 2D como una carrera. Algunos años atrás había comenzado a tener interés y pasión por el dibujo, y siempre soñé con ser como esos que dibujaban para las películas de Disney u otros estudios parecidos. Mandé cartas a universidades del extranjero que contactaba a través del Centro Cultural Costarricense Norteamericano, en esos tiempos sin Internet. Recibí muchos folletos y formularios maravillosos. Lo que no era maravilloso era el costo anual, imposible de cubrir para mí, y sin opciones de beca tuve que tomar decisiones más prácticas, como procurar ingresar a la UCR y a la Facultad de Bellas Artes. Que era en esos tiempos la única opción viable en el país para alguien que quisiera estudiar diseño, como yo.

Mientras intentaba sacar un título de Artes Gráficas en esa institución, llegó Internet y me transformó por completo la vida. Tanto así que, aunque logré terminar el bachillerato y graduarme a pesar de infinitas veces de querer dejar todo tirado, nunca ejercí realmente la profesión. Mi experiencia en publicidad y diseño tradicional fue más bien poca, y lo que empezó por una cuestión de fiebre de computín (hacer diseño web) me fue llevando por muchos trabajos y experiencias hasta llegar a trabajar con multinacionales de renombre y a trasladar mi enfoque a la Arquitectura de Información. No recuerdo un sólo trabajo en donde el ser titulado (a pesar de que se ve bien en un curriculum) haya tenido más peso en mi contratación que la experiencia y trabajos previos que realicé en el campo.

Escribo esta pequeña anécdota a propósito de varios eventos que están desatando un polvorín en los gremios profesionales del diseño gráfico, la animación y la ilustración nacionales (¡Estamos progresando! Hace 20 años hablar de profesionales de animación en Costa Rica era impensable!).

Desde hace mucho tiempo hubo varios intentos fallidos de agremiar a los profesionales creativos del país que se vinieron abajo, ya fuera por la clásica guerra de egos (¡En esto el gremio de artistas es terrible! Algo que —lo juro— no se ve entre programadores o médicos), falta de presupuesto, o de voluntad.

Mientras tanto en el interín el avance de la informática fue democratizando -para bien y para mal- el acceso a las herramientas de diseño. Para bien, porque se le han abierto las puertas de recursos que antaño costaban decenas de miles de dólares a mucho talento joven sin más capital que las ganas y creatividad para hacer algo. Y para mal, porque de la misma manera han aparecido infinidad de charlatanes haciéndose pasar por diseñadores por el sólo hecho de tener una PC y una copia pirata de Photoshop, y vendiendo  servicios a precios de hambre (o peor aún, regalándolos) en detrimento de los verdaderos profesionales formados en la academia y/o en la calle, a fuerza de años y paciencia.

Hasta hace poco, cuando la llamada Asociación de Diseñadores y Comunicadores Visuales (ASODICOV) logró llevar la propuesta de la creación largamente postpuesta de un Colegio de profesionales del sector, de igual forma que lo tienen los arquitectos o profesionales médicos, a la Asamblea Legislativa y a ser publicado en La Gaceta, el diario oficial del Gobierno, como el Proyecto de Ley N°17932.

Entonces ardió Troya.

Las agrupación nacional de animadores Proanima, así como muchos ilustradores informales,  no tardaron en mostrar su desacuerdo y descontento con dicho proyecto a través de Facebook y otros medios, e insistieron en no ser incluidos de manera alguna en el mismo. De hecho, el proyecto tal y como fue presentado ante la Asamblea comete varios yerros de peso, como el de agrupar bajo una sola sombrilla a todas las ramas del diseño, de algún modo midiendo a todas las disciplinas derivadas con la misma regla, e imponiendo el título universitario como un sine qua non para ejercer la profesión, algo que dejaría en franca desventaja a muchos que carecen de dicho documento pero que han acumulado invaluable experiencia en el campo a través de los años, y que en el caso de un país donde los profesionales graduados en el campo no abundan como el nuestro es una decisión que podría tener un impacto fuerte en el mercado laboral.

Veamos entonces uno por uno los puntos principales que se objetan:

  • Exigencia de un título universitario para pertenecer al Colegio y ejercer la profesión. Yo como universitario titulado podría estar de acuerdo con ésta postura, pero más que tomar una posición idealista en defensa de la Academia me rijo por lo que he visto en mi propia experiencia como profesional. Las habilidades, experiencia y conocimiento que hoy día me dan el sustento no fueron cosas que ví en un aula universitaria, sino que fuí aprendiendo sobre la marcha y a fuerza de años de práctica e investigación por mi propia cuenta. ¿Es entonces este conocimiento menos valioso que el que se imparte en la academia? ¿Valgo entonces menos como profesional? En un medio donde la tecnología y paradigmas cambian prácticamente cada día como Internet, esa sería una afirmación arriesgada y miope. A menos que pretendas trabajar en el sector público, los títulos universitarios han tenido en términos prácticos poco peso como un criterio de contratación. Lo que valora más el sector privado es la experiencia aplicada (para un diseñador, su portafolio) y tu capacidad de resolver problemas de manera exitosa.
  • No todas las disciplinas del diseño son iguales. No es lo mismo trabajar para prensa que para audiovisuales. No se puede medir un trabajo de animación bajo los mismos parámetros de un diseño web, o una campaña de rótulos. Los procedimientos, expectativas, contratos y producto final son distintos en cada caso. De la leche se hacen helados y queso, pero jamás usando las mismas herramientas o recetas. Punto para los objetores.
  • “Imposición” de tarifas mínimas de cobro y condiciones de contrato. Acá sí estoy en desacuerdo con los objetores pues lo veo como una malinterpretación gruesa de la ley propuesta. Un Colegio de profesionales cuenta con tarifas mínimas establecidas por consenso precisamente para proteger a sus asociados de tener que cobrar menos de lo que se considera aceptable para una labor determinada, y de la competencia desleal de otros miembros. Ahora bien, va esto a “ilegalizar” y prohibir de la práctica a los “diseñadores” todo-a-cien? En absoluto, y por una sencilla razón: La percepción del valor del diseño en la gente común.

El valor perceptivo del diseño

Es fácil justificar el valor de un ingeniero: de éste profesional depende no solo la hechura de un edificio, sino la seguridad y la vida de sus ocupantes. Es fácil justificar el valor de un servicio médico; un galeno puede descubrir un síntoma y dar un tratamiento que puede ser la diferencia entre la vida y la muerte de una persona. Es fácil justificar el valor de un agricultor; sin él, no hay comida en nuestra mesa.

El diseño —aún el de carácter industrial— siempre ha pertenecido al reino de la percepción subjetiva de valor, y como tal siempre ha sido algo difícil de vender al vulgo. Nadie se muere porque un comercio lance un brochure de espanto, ni tampoco nadie “necesita” un film de entretenimiento familiar, ni sus vidas dependen de ello. Según quien lo vea, un cuadro artístico puede costar cientos de miles de dólares, o no costar un centavo. Me puede gustar, pero no lo necesito. Y de la misma manera lo que cobre un diseñador por su trabajo puede ser percibido como justo (por la minoría) o muy caro (por la mayoría). Y mientras haya gente para la que un logo vale cuarenta pesos y no cuarenta mil, este mercado informal seguirá existiendo. He aquí la gran diferencia a nivel perceptivo del diseño gráfico o audiovisual con otras profesiones.

¿Qué hacer, entonces? (Y para resumir un post que se hizo, como es usual, más largo de la cuenta):

Resumiendo

  • La profesión del diseño gráfico necesita de una figura que otorgue respaldo legal. No creo que en eso haya discusión. ¿Es el Colegio la mejor respuesta a ello? No lo sé. Por lo pronto no me veo haciendo fila para ingresar así tenga un título que me respalde. Pero sí es necesaria una figura legal que legitimice y ponga la profesión al mismo nivel de aprecio y dignidad que otros oficios, pues tanto esfuerzo toma aprender las bases del diseño como las de la ingeniería o medicina y por ello también está en su derecho de ser reconocida, apreciada y remunerada de forma justa.
  • El respeto profesional, con o sin Colegio, hay que ganárselo. Si alguien protesta porque se siente “amenazado” (más allá de los puntos discutidos) y no posee un portafolio y experiencia que lo respalde, está simple y llanamente hablando por hablar. Nadie empieza en esto desde arriba, o aprendido.
  • La “titulitis” a la fuerza no es una opción viable en nuestro entorno profesional, por todas las razones arriba citadas.
  • Aprender a convivir con el valor subjetivo del diseño entre la gente. ¿Qué es mejor, tratar de convencer a un cliente que cree que el diseño es algo de adorno que debería ser gratis, o invertir nuestro tiempo y recursos a un cliente que tiene la educación y aprecio necesarios para pagar lo justo por el trabajo? Irónicamente, muchos colegas optan por lo primero y se pelean entre sí por ese tipo de clientes, en vez de por los segundos. Es lo que en inglés se llama el race to the bottom. Yo sé que vivimos una situación (¿eterna?) de crisis y que “la calle está dura”. Pero aún así no es muy conveniente “gastar pólvora en zopilotes” como estrategia. A mediano plazo serán más los perjuicios que los beneficios.

Y sinceramente, más que ver el mismo pleito cansino entre colegas que siempre parece como intentar poner cien gatos marchando en fila india, quisiera ver que se llegue a un consenso donde puede que no sea todo del agrado de todos, pero donde al menos sean más los puntos de acuerdo que las desaveniencias. Porque ya va siendo hora de actuar.

Créditos de fotografías utilizadas bajo licencia Creative Commons: Aperturismo en Flickr, Pierre J. en Flickr, Juan ValldeRuten en Flickr.

 

9 responses so far

  • rochecr says:

    No sé si esto es un esfuerzo por tratar de asegurar mercado o empezar a bailar la danza de los politicos.

    En lo que he visto en mi profesión, El Colegio de Prof en Informatica es algo oscuro que hace participaciones y organiza charlas poco accesibles hasta por las mismas personas que están suscritas, parece mas bien como un encargado de cobrar peaje por estar “incorporado”, creo que este tipo de iniciativas está muy lejos de tratar de ayudar al profesional liberal.

    Claro de Buenas intenciones vienen las regulaciones.

  • Luis Mata says:

    Definitivamente un ente ordenador con peso es necesario para nuestra profesión. Una asociación por más grande que sea no tiene el suficiente peso de ley que un colegio en Costa Rica. Hay gente que critica la creación de un colegio debido a algunos otros correspondientes a otras profesiones distintas a la nuestra, creados ya con modelos antíguos y que no se han modernizado, ni los propios profesionales han intentado hacer una reingeniería en ellos. De todos nosotros depende el hacerlo estático o dinámico. Por otro lado yo si conozco otras organizaciones que si bailan con los políticos el baile del billete y que pegaron el brinco al cielo cuando se dieron cuenta que “los que hacían dibujitos” se habían unido para ordenar la cosa. Esto va más allá de buenas intenciones, sino es más bien el intento más lejos que se ha llegado en ordenar, agremiar y hacer respetar el diseño como una profesión, de los 4 intentos anteriores que quedaron en reuniones, egos inflados y la infiltración del sector empresarial

  • Interesante ensayo opinión, hay muchos mitos respecto a la creación de un ente colegiado. Mitos que si se investigara más, en lugar de basarse en opiniones de personas que ni idea poseen en este caso de la ley misma, otra historia seria. Como dice el texto realmente los que deben temer son los que se jactan de ser diseñador y no poseen portafolio que los defienda. Contrario a lo que dice este post, no se busca perseguir a nadie, solo regular y proteger a los que se acuerpen al colegio.Ignoramos el futuro, por lo que nadie puede especular sobre el beneficio de una institución colegiada. En este momento se esta marcando un camino y es un derecho de muchos que desean un ente colegiado el poder llegar a tenerlo, crearlo y formarlo. Para aquellos que parece que aun no leen un comunicado de ASODICOV salido el 30 de agosto del 2011, donde se aclaran todos esos mitos que muchos seguir exparciendo, le dejo el enlace a continuación : https://docs.google.com/viewer?a=v&pid=explorer&chrome=true&srcid=0B5LhEW0JP87CNGExYTlkODMtZDFhMS00YTQ3LTlkYjYtNjI3YWJiNDQyNzA4&hl=en_US

  • P4blo says:

    Saludos Alberto. En lo que creo que diferimos un poco es en la opinión sobre tarifas. Creo que si hace falta un órgano que regule o por lo menos proponga tarifas justas. Yo escribía en un blog que se llamaba ticografías, ahí hicimos un pequeño tarifario basado en preguntas a mis colegas cercanos y luego se fue puliendo con las opiniones de la gente.

    Pero algo que a mi me alarmaba, era ver cómo personas con más años de trayectoria, más profesionales, más jugados! llegaban a mi a preguntarme tarifas!.

    Es decir que si existen esas percepciones de valor sobre el diseño, es por que nosotros mismos no sabemos el verdadero valor del diseño y eso hace que seamos culpables de mal educar y de infundar esas percepciones en el cliente.

    Si hay un órgano que al menos diga: “Lo mínimo justo que deberías cobrar por tal cosa es”… la gente comienza a saber cobrar y los clientes comienzan a percibir el valor del diseño diferente.

    Buen post por cierto ;)

  • [...] BetoBeto A propósito del Colegio de Diseñadores y los gremios audiovisuales [...]

  • Buen post, estoy deacuerdo con las conclusiones que plantea. El tema de los clientes siempre va a ser complicado. Les dejo un link con un artículo sobre este tema:
    http://www.sorryzorrito.com/2010/02/cuanto-vale-su-tiempo/

  • [...] trabajan de forma independiente. A propósito de estas inquitudes, Alberto González, escribe esta nota en su blog, donde expone algunos de los puntos controversiales de la [...]

  • Oscar Sanchez says:

    Interesante ensayo, deberias de llevar estos puntos a la proxima reunion.

  • 1-El Nombre del proyecto presenta un grave error, y evidencia graves ambigüedades, e ignorancia expresa, en relación a los enormes alcances del término “Comunicación Visual”, además de pretender agrupar bajo una sola reglamentación, no solo áreas muy diversas del Diseño, sino también de la Animación Digital, Fotografía e incluso la Ilustración, pretendiendo normar bajo la figura de la colegiación obligatoria, todas estas ramas artísticas, para poder ejercerlas, mediante el pago de cuotas obligatorias.
    No solo tratando de estandarizar actividades artísticas, muy diversas, sino pretendiendo imponer la titulación universitaria, para poder ejercer oficios artísticos, como la Ilustración o Animación.
    Esto es el equivalente a que el gremio de la Animación Digital, hagamos también un colegio y pretendamos normar a los Diseñadores Gráficos, en el.
    2-El texto presenta una “satanización” de los términos Freelancer” y Out Sourcing”, en la página 3, en la exposición de motivos, dándose el derecho de juzgar y catalogar de forma poca clara y ambigua, bajo el termino, “personal no calificado”, a los profesionales que trabajamos bajo estas modalidades, olvidando que estos servicios se enmarcan bajo la contratación privada, entre un profesional y un cliente, y entre ellos se establecen las condiciones y características, del trabajo contratado.
    Este segmento, La prohibición de ejercer la tercerización de servicios (“freelancer” o “outsourcing”) contradice lo dispuesto en los siguientes artículos:
    - Artículo 14 de la Declaración Americana de derechos del Hombre que indica que toda persona tiene derecho a seguir libremente su vocación.
    -Artículo 1.1 del Convenio sobre Política de Empleo, adoptado por la Conferencia general de la OIT en Ginebra en 1964 con el objeto de estimular que los Estados miembros promueven diversas fuentes de empleo.
    .
    La disposición también violenta el Artículo 6.1 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales que señala que los Estados Partes reconocen el derecho a trabajar, que comprende el derecho de toda persona de tener las oportunidades de ganarse la vida mediante un trabajo libremente escogido y aceptado, y tomarán medidas adecuadas para garantizar este derecho.
    3-El texto pretende crear la figura de colegiación obligatoria, en oficios y profesiones artísticas, tratando de empatar servicios de interés público, como la Medicina (Salud Publica) o La Jurisprudencia (Leyes de la Republica), con servicios artísticos de carácter privado, como la ilustración y la Animación, pretendiendo obligar a colegiarnos a artistas que trabajamos en estas profesiones liberales.
    Así como el artículo 25 de la Constitución Política, defiende el derecho de los habitantes para asociarse, también deja claro que nadie puede ser obligado a formar parte de asociación alguna.
    La colegiatura obligatoria si bien es una medida de control y regulación profesional proporcional para otras actividades económicas, de interés público, en nuestro caso resulta violatoria de derechos fundamentales como la libertad de expresión, la libertad de creación, la libertad de comunicación y la propiedad intelectual.
    Es claro que el texto pretende crear un escenario para estandarizar honorarios, olvidando que una profesión artística, no puede ser normada de forma objetiva, ya que por sus propias cualidades, el arte, en sus diferentes manifestaciones, adquiere valores subjetivos, y pretender “estandarizar honorarios”, como dice el punto 18, del Articulo 2, de las finalidades del Colegio, es como darle a un grupo , la facultad de decir cuánto debe costar una pintura, una escultura, un diseño, o cualquier arte que se pueda catalogar bajo el termino de “Comunicación Visual”.
    El texto deja muy claro y en plena evidencia, el desconocimiento del aspecto fundamental de nuestras profesiones, la parte creativa de nuestra actividad artística y comercial, pues pretende fijar honorarios por trabajos sobre los que debe existir plena libertad de fijación de la retribución como así lo dispone la misma legislación nacional.
    Precisamente la Ley 6683, Ley de Derechos de Autor y Derechos Conexos, establece en su artículo 17 lo siguiente:
    “Corresponde exclusivamente al titular de los derechos patrimoniales sobre la obra, determinar la retribución económica que deban pagar sus usuarios.”
    El artículo 15 de la Declaración Universal, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, como corolario de la norma anterior, establece también del derecho de los artistas de beneficiarse de la explotación comercial de sus obras.
    4-El texto pretende deslegitimar a los profesionales del arte que no han tenido la oportunidad de graduarse de alguna carrera académica, y limita su pertenencia a la previa valoración, subjetiva, de miembros del Colegio, mediante un “Comité de Incorporación”. Los cuales pretenden decidir quién se colegia y quien no, como requisito para poder ejercer su oficio o profesión artística, como en el caso de la Ilustración y la animación.
    Además amenaza de forma reiterada, con “sanciones legales” a las personas que ejerzan las profesiones, sin estar colegiados.
    Lo grave de este punto es el hecho que el texto 17932, impide el acceso de cualquier persona al hecho de manifestarse artísticamente y poder dedicarse a esto, limita el derecho para expresarse o para transmitir información, y es incompatible con el artículo 13 de la Convención Americana de los Derechos Humanos.

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