Autofinanciando la cultura

Jun 29 2011

Realmente no escucho radio salvo cuando manejo pero igualmente es un poco triste ver cuando emisoras que ofrecen algo distinto del repertorio populachero-chabacano en el país se ven obligadas a desaparecer, condenadas al limbo del ostracismo. La última baja en este campo: la de la emisora de corte clásico y de jazz 95.9. Y como usualmente sucede en estos tiempos, se corre a armar un grupo salvavidas en Facebook. Pero temo que de poco sirva a estas alturas que la decisión parece tomada.

Primero ubiquémonos dónde estamos: aunque odiemos admitirlo, económica y culturalmente seguimos siendo tercer mundo, y para los anunciantes de radio locales, el único target rentable es ese que se desgalilla viendo a la Sele, se ríe con programas de chistes vulgares, practica el coito con ropa a ritmo de reggaetón y se zampa el chifrijo del almuerzo con las portadas sanguinolentas de la Extra o los culos de la contraportada de La Teja. Lo demás tiene escasa “masa crítica” para atraer el dinero y las pautas que toda institución radial comercial necesita para sobrevivir.

Así las cosas, sólo quedaría Radio Universidad como la única proovedora de música “culta” en señal abierta en el país. Pero esta radio al ser parte de una institución del Estado no necesita tener ganancias ni audiencia para justificar su existencia. ¿Qué alternativas existen entonces fuera del ámbito estatal para ofrecer cultura y sobrevivir?

Desde hace varios años sigo por Internet una emisora de música clásica de Carolina del Norte (EEUU), la WCPE. Esta emisora tiene más de 30 años de estar al aire, no pauta comerciales y no es una institución estatal. ¿Cómo sobreviven? Fácil (y no, a la misma vez): WCPE recurre a las donaciones voluntarias de sus oyentes (incluso reciben carros viejos y cosas así), y a dos campañas de recolecta de fondos por año. El llamado a contribuir es constante pero no molesto, y además son sumamente activos en Facebook y Twitter. Incluso tienen un sistema escalonado de “membresía voluntaria” en donde según el monto ofrecido se ofrecen desde cosas como jarras de café o camisetas hasta cuñas tipo “La siguiente hora es patrocinada por tu nombre aquí” y cosas por el estilo. Muy en tono con el modus operandi de Kickstarter.

En otro tipo de categoría musical está otra emisora online llamada Soma FM que tiene al menos diez años de existir (bueno, yo al menos llevo diez años escuchándola) Soma FM igualmente transmite música poco o nada comercial sin anuncios. Pero del mismo modo apela constantemente a contribuir, e incluso es posible donar automáticamente una cantidad simbólica cada mes (desde 1 dólar) por medio de Paypal. A cambio y según el monto de la donación, puedes recibir cosas como camisetas, bolsos y otros.

¿La única desventaja? Que su audiencia, por el momento, está restringida a quien use Internet. El concepto de radio satelital que permite la existencia de emisoras nicho por subscripción no parece haber tenido éxito fuera de EEUU y Canadá, y aún no es posible captar una señal de Internet en un carro. Pero la tendencia está clara y marcada; el futuro de cualquier iniciativa cultural fuera del radar del populacho no está en el ámbito de la TV, la radio comercial o la prensa, sino que está definido y financiado por sus mismos oyentes-consumidores. Ahí queda.

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Cuando la chancha ya no tenga rabo*

May 23 2011

Uno podrá ser todo lo escéptico que se quiera y no creer, por ejemplo, en las interpretaciones cataclísmicas que muchos hacen de las famosas Profecías Mayas para el 2012 y sus proximidades, pero lo que nadie puede negar es que estamos viviendo una época de transformaciones profundas en buena parte del mundo, y especialmente a cargo de la población joven. Revoluciones en Egipto, en España, y quizás en un futuro no muy cercano en Latinoamérica? You said you want a revolution, well you know…

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El verdadero tesoro de Japón

Mar 17 2011

Bomberito nipón :)

 

Poco, quizás, se puede decir ya del catastrófico y terrible terremoto en Japón del viernes pasado que no se sepa por otros medios. Se habla de pérdidas potenciales de al menos diez mil vidas humanas y de cincuenta mil millones de dólares en lo material. Un desastre de marca mayor, del que le tomará a Japón años o quizás décadas en recuperarse,  y que tendrá repercusiones en el resto del mundo sin duda alguna. Sin embargo, nunca antes fue tan evidente para el resto del mundo un rasgo muy particular de esta sociedad tan distinta a las nuestras desde siempre.

Contrario a lo que cabría esperar en un desastre de este tipo, las escenas de histeria colectiva, violencia, saqueos y caos, aún en las áreas más afectadas, han brillado por su ausencia. Predeciblemente, se agotaron las existencias de comida en los supermercados, hubo largas colas para los teléfonos públicos y gasolineras, y decenas de miles lo han perdido absolutamente todo; casas, familia…. Pero aún así,  se ha impuesto una sensación de llevar las cosas en orden y una calma general ante la situación por parte de la población que ha sorprendido al mundo. El analista político de CNN Jack Cafferty va directo al grano y pregunta: ¿Por qué no hay saqueos en Japón?

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