La computadora invisible

Feb 02 2010 Published by under 2010, Apple, tecnologia

Y en el vigesimoséptimo día de enero del dos mil diez el icónico Steve Jobs, el personaje más influyente de los últimos quince años en la informática personal, descendió de los escalones que llevan al sótano del Moscone Center y le develó al mundo la última de sus creaciones esperadas e hiperbolizadas a más no poder por la imaginación y las expectativas más delirantes de sus fans: el iPad.

¿Y el mundo vio que era bueno? En absoluto.

Lo primero que muchos vimos (me incluyo) en el nuevo objeto del deseo nerd creado por Apple fue un simple iPhone gigante sin teléfono y sin cámara. Basta ver además cómo mucho del software del sistema operativo del iPhone simplemente se recicló en el iPad. Y al no cumplir con las (ya de por sí imposibles) expectativas de muchos, se ha vuelto objeto de una furiosa perdigonada de burlas y críticas acidas ante lo “limitado” de sus prestaciones.

Sin embargo, algunos han hecho un esfuerzo por ver más allá de lo inmediato y el presente y han concluido que lo sucedido el miércoles pasado bien puede ser el comienzo de un nuevo paradigma en cuanto a la presencia de los computadores en nuestras vidas.

O mejor dicho, la ausencia de lo que nos parece obvio en el concepto de computadora y sistema operativo: Teclado, ratón, sistema de ficheros, periféricos. Todo ello parte de un modelo de desarrollo agotado por lo complejo que es para la mayoría de personas (aún para quienes pretendemos saber mucho de ello).

El fin de la computación multi-inclusiva

No extraña que la mayoría de críticas negativas hacia el iPad provengan del sector más geek de la sociedad, acostumbrado a ver en una computadora el equivalente de una navaja suiza que sirve hasta para lo que no podemos imaginarnos. Pero la verdad es que la inmensa mayoría de las personas no están interesadas en pasar su valioso tiempo configurando software o programando ajustes sólo para poder estar en Internet y enviar correos. No es realista pensar que todos los usuarios actuales de Internet son como los miembros de Slashdot.  Cuando la gente común consigue un aparato, espera que funcione al minuto, ejecute la tarea que debe y punto. ¿Cómo lo hace? ¿Puede ejecutar tareas múltiples a la vez? Eso es lo de menos.

El iPad nos pregona el inicio de la computadora como artefacto electrodoméstico. ¿Cuántos saben realmente cómo funciona la lavadora o el microondas de sus casas? A menos que te dediques a la reparación de estos artefactos, lo más probable es que no lo sepas. Pero sí sabes que con el microondas puedes calentar una comida en minutos, o que basta apretar un botón en la lavadora para arrancar todo un proceso desde el lavado hasta el secado.

Igualmente, hay muchas personas —nuestros padres, por ejemplo —  que quieren utilizar Internet, las redes sociales, las tiendas electrónicas… pero no tienen interés alguno en cómo eso se hace posible. Lo único que les interesa es llegar de A a B con el mínimo posible de procesos y problemas.

Ese, creo yo, es el verdadero propósito del iPad. Invisibilizar de forma definitiva la computadora e integrarla de manera natural —y casi sin darnos cuenta— en todos los aspectos de nuestra vida.

Lo que se viene

El consenso entre quienes han pensado y escrito con mayor autoridad sobre el tema que este servidor parece ser el que el iPad es un parteaguas entre los usuarios de computadoras; por un lado, el sector productor profesional de contenidos / geek / nerd que seguirá necesitando computadoras tradicionales, y por otro lado el resto de personas cuya vida no gira alrededor de una computadora pero que igual desean beneficiarse de la Internet y la comunicación social que conlleva con un mínimo de esfuerzo. A ellos es que está dirigido el mercado del iPad.

Y aunque muchos podamos cuestionar —con sobradas razones— el darle con ello aún más poder a Apple y los peligros de confiar ciegamente en una empresa con fines obvios de lucro, la verdad es que es demasiado pronto para sacar este tipo de conclusiones. Apple ha sido el primero en aventurarse a definir el próximo rumbo de la informática durante la próxima década, pero eso no quiere decir que tengan la última palabra. Para verdades, el tiempo.

Lecturas recomendadas

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Do(n’t) be evil

Nov 24 2008 Published by under 2008, Internet, Sociedad, tecnologia

Don’t Be Evil es un precepto muy fácil de cumplir cuando es uno el que define que es evil y que no; y que el principio de neutralidad de la red sea destrozado por Google acaba de tirar abajo a otro de los mitos de Internet, ya que esto es ser evil en todas sus formas.

El insigne comunicador argentino Mariano Amartino en cómo la evidente aparente preferencia de Google por un ISP (proovedor de servicios de Internet) particular en su país (remitirse a respuesta de Sebastián Delmont en el susodicho post) puede, de ser lo que se teme, un precedente muy peligroso para el resto de la Internet y la proclamada neutralidad de la misma.

No voy a ser yo el que despotrique contra Google y todos los que le admiran, si yo mismo (y prácticamente todos los usuarios de Internet) dependemos en bastante medida de sus servicios de correo electrónico, RSS, búsqueda y todas esas cosas. Intentemos concebir una red mundial sin las prestaciones de Google que, sin darnos cuenta, utilizamos todos los días. ¿Difícil, verdad?

Pero a la vez debería hacernos pensar si con tanta adulación y el poner a la compañía de Mountain View en un pedestal permanente, hemos terminado por darles más poder de lo que nos conviene.

¿Un signo de lo que está por venir en Internet, o no es aún hora de sacar las cacerolas virtuales?

Actualización: A modo de bis y con más información mediante, Mariano nos aclara que todo se debió a, básicamente, un comunicado de prensa pésimamente redactado. No es ni de lejos el primer exabrupto en Internet que se lleva a muchos en banda, ni será el último, y aparentemente Google sigue siendo para felicidad del mundo el buen vecino incapaz de hacer daño a nadie. 

Aunque estos nuevos desempleados nos digan lo contrario…

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寿司コンピューター.

Apr 24 2008 Published by under Costa Rica, Estilo de vida, Restaurantes

He aquí un tema lo suficientemente meritorio para no hacerle honor al nombre de este blog e incluir un video. Nadie puede negar que el invento japonés del sushi ha avasallado con el gusto y los paladares de muchas personas en el mundo, y Costa Rica no es definitivamente la excepción. Restaurantes los hay por decenas, de todo tipo, calidad y precio. Pero me ha llamado particularmente la atención este nuevo local llamado Iwaa Sushi, situado en el muy universitario y congestionado este de la capital.

Aparte de ser la primera vez que veo en el país un restaurante de sushi con la famosa faja transportadora (un estándar en casi todo el resto del mundo), el uso de alta tecnología para todo, desde el menú por pantalla táctil hasta la hechura de nigiris, hacen que la experiencia probablemente sea lo más parecido a almorzar o cenar en las proximidades de Akihabara que podamos tener en nuestro país. Los geeks, otakus y nerds criollos celebran el acontecimiento.

Aunque sigo creyendo que nos hacen falta restaurantes donde al entrar te reciban los itamae (chefs de sushi) con un sonoro “irasshaimase!” (entre, por favor) como en el Sushi Roku de Los Angeles que es, de momento, uno de los mejores que he visitado (hasta que pueda ahorrar lo suficiente para el mítico Urasawa (fotos), a 300 dólares por cabeza).

(Gracias a fr4gus por el video. El titulo de este post, en caso de que no estén usando una computadora decente, son las palabras “sushi” y “computadora” en un amasijo no aprobado por las autoridades linguísticas japonesas)

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